
No estás agotado/a por lo que haces. Estás agotado/a por sostener un estado de alerta que ya no necesitas.
Cuando el sistema nervioso vive en modo supervivencia, el cuerpo no descansa y la energía se bloquea.
El Reiki no fuerza la calma. La permite.
Actúa como una señal de seguridad que le recuerda a tu cuerpo que puede soltar, respirar y volver a su equilibrio natural.
Porque sanar no es hacer más.
Es dejar de sostener lo que nunca necesitaste cargar.



